HUESOS DE SANTO

Al ser Mònica y yo catalanas, nuestro dulce “oficial” de Todos los Santos, es el Panallet.  Pero para Devenir quise descubrir otros dulces de esta festividad, y así llegué a las Teresitas, los Buñuelos de Viento, la “Castaña” asturiana o los Huesos de Santo. Y me decidí por estos últimos porqué tienen como base la almendra, hecho que me parece relevante pues concuerda con la época del año, ya que su elaboración va estrechamente atada al momento en estos frutos acaban de ser recolectados. 

La almendra es un fruto seco muy característico de la franja mediterránea, que nos da energía y nos prepara para el frío del invierno.  Los huesos de Santo son básicamente mazapán, y el mazapán no es nada más que almendra y azúcar. Este dulce milenario tiene su origen en Madrid y Castilla León, y se ha ido extendiendo por la península. Es tradición prepararlos para la festividad de Todos los Santos, pues es la época en que se creía que nuestros muertos volvían a la tierra. Actualmente, es a finales de Octubre y principios de Noviembre, cuando las pastelerías se llenan de ellos en todas sus variantes.

 Mònica y yo preparamos los más básicos, de mazapán y crema de yema, pero hay quién los rellena de chocolate, confitura o cabello de ángel. Son de elaboración sencilla, y por otra parte, encontrar un momento para hacer algo que ya se hacía en las casas hace cientos de años, te conecta con la cultura de tu territorio y, en este caso, te hace pensar en los tuyos y en los que te faltan… y eso también es muy de otoño.

-Para la masa necesitaréis 150 gr. de almendra molida, 70 gr. de azúcar y 35 ml. de agua.

-Para la crema del relleno,  4 yemas, 80 gr. de azúcar y 50 ml. de agua.

-Para el glaseado, 100 gr. de azúcar glass y 35 ml. de agua tibia.

 

Hacemos un almíbar mezclando el agua y el azúcar en el fuego, y una vez arranca a hervir, lo retiramos. Mezclamos la almendra con el almíbar y lo amasamos con calma hasta conseguir una bola compacta.

Espolvoreando un poco de azúcar glass sobre la superficie de trabajo, extendemos la masa con un rodillo, y con la ayuda de una varilla o un bastoncito, le hacemos una ristra de surcos que le van a dar el dibujo tan característico al mazapán. Después lo cortamos en rectángulos de 4 x 7 centímetros aproximadamente. Los despegamos con un cuchillo o una espátula y los ponemos en un platito espolvoreándolos, de nuevo, un poco de azúcar glass por ambos lados. 

Con mucho cuidado enrollamos cada rectángulo de masa en el mango de un utensilio de cocina o una varilla, dándole forma de canelón.  Los dejamos secar un rato para que pierdan humedad y endurezcan.

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Mientras, preparamos la crema de yema. Volvemos a hacer un almíbar con el azúcar y el agua. Batimos las yemas, y le vamos echando el almíbar poco a poco y con cuidado, sin dejar de remover, pues de no hacerse así, las yemas podrían cuajar. Una vez tenemos la mezcla, la cocemos al baño maría, removiendo, durante unos veinte minutos. Dejamos enfriar, y con la ayuda de una manga pastelera, podemos ir rellenando los huesos.

Y el toque final se lo damos con el glaseado. Mezclamos el azúcar glass con el agua tibia, y una vez está bien disuelto, vamos bañando los huesitos con cuidado, ayudándonos con un par de tenedores. 

Los dejamos secar bien, y ya están listos para la mesa. Nos pueden dar energía a la hora de la merienda, o acompañarnos como un postre exquisito junto a un vasito de vino dulce.

Fotografías: Mónica Bedmar - Texto: Caterina Pérez