ESE SABER

Una bolsa de algodón. Un camino de tierra y el sudor pegado en la espalda. Cada golpe de pedal durante el trayecto es una imagen de añoranza feliz. De nudo en el pecho por dejar esas plácidas tardes de verano, esa brisa seductora que en nada helará nuestras caras. 

Tengo las manos llenas de ellos, de esos higos maduros que recojo mientras un par de manos me sujetan por la cintura en un acto de erotismo fugaz que saboreamos con el sol a nuestras espaldas. El mordisco, la textura, el dulce sabor que casi es mermelada anuncia el final de los días en los que hacer el amor en la playa será un recuerdo que nos parecerá casi adolescente. 

“Que nos devuelvan la sangre, las ganas, el amor!

Es granate, rojizo, duro. El final del verano sabe a higo, a manos manchadas de resina, a abrazos bajo la lluvia y a despedidas forzadas. Esa bolsa de algodón que cuelga de la bicicleta, deshilachada después de tantos tumbos con el viento, esa bolsa, contiene el verano. Y los besos robados, las caricias inocentes, el agua de mar, las lágrimas, las picaduras de mosquitos. Que nos devuelvan la sangre, las ganas, el amor! Que se quede para siempre esa energía que remueve las entrañas, esa bolsa de higos, esas manos en la cintura. Ese saber, con toda certeza, que estamos vivos. 

Fotografías y texto: Mónica Bedmar - Estilismo: Caterina Pérez